En una presentación virtual, la sabomnim Dolores Knolle lanzó “Antes de todas. La historia de la niña que cambió el taekwondo de México“, autobiografía de quien en 1976 se convirtió en la primera mujer cinta negra del país y, años después, subió al podio mundial y olímpico.
La entrevista de lanzamiento la condujo Aziyade Uriarte, de Comunicación Global Design, casa que acompañó el proyecto durante años hasta su publicación. El libro ya está a la venta en versión electrónica en Amazon, con precio de lanzamiento. Knolle, cinta negra 7.º dan, diseñadora gráfica, exseleccionada nacional, entrenadora nacional y fundadora de una escuela de defensa personal, lo describió como el relato de su vida dentro y fuera del tatami.
“Pedí taekwondo de cumpleaños”, recordó. Entonces no había mujeres en la disciplina: se consideraba un deporte de hombres. Cincuenta y cuatro años después sigue en el arte marcial. Su maestro, dijo, nunca la trató distinto por ser niña, y esa igualdad le dio la confianza para entrenar y competir solo contra varones sin conciencia, todavía, de que estaba abriendo una brecha. “De niña no ves diferencia de género: ves que tienes las mismas capacidades.”
El camino de alto rendimiento no fue fácil. Soñó con los Juegos desde pequeña y lo cumplió con el respaldo de su familia, “un pilar fuerte”. Llegar, explicó, exigió dedicación de tiempo completo, concentraciones en el Comité Olímpico Mexicano, la CONADE y el Centro Ceremonial Otomí (a veces sin instalaciones adecuadas) y una soledad que forma parte del oficio. “Para llegar lejos hay que estar entregado al cien por ciento.” El mensaje que quiere dejar es otro: los sueños se cumplen si se trabajan. A la niña que fue le diría que siga, que sea resiliente y que en el camino también habrá quien la sostenga.
El palmarés respalda el relato. Nacida el 4 de junio de 1964, Knolle fue bronce en el Campeonato Mundial de Atenas 1991 (−60 kg.) y obtuvo el tercer lugar en el taekwondo de exhibición de Barcelona 1992 (−55 kg.), cuando la disciplina aún no entregaba medallas olímpicas oficiales. Antes había competido en el Mundial de Seúl 1989 y en los World Games de Karlsruhe.
Antes de todas no se dirige solo a quien practica. Knolle lo plantea como una lectura ligera y motivadora —“se puede, no te des por vencida, sé resiliente”— y admite que al escribirle volvían más recuerdos: “podría haber una segunda parte”. El lanzamiento, dijo, honra también la memoria de su padre, en el aniversario de su muerte, y está dedicado a su familia y a sus hijos, Natalia y Sebastián. El maestro Manuel Jurado, colega que ya había publicado, la empujó a contar lo suyo. El mantra que repite cabe en una frase: se puede caer siete veces y levantarse ocho.
Además del libro, Knolle anunció charlas y mentorías para llevar esa historia fuera del dojang. “Con una persona a la que le cambies la historia, es más que suficiente.”


