-Me da una docena de donas, por favor.
-Sí, ¿cuántas donas quiere?
-Una docena.
-¿Unas diez?
-No, una docena, ¿no sabe lo que es una docena?
-No, la verdad es que no…
La conversación de arriba es una conversación real que mi papá tuvo una vez con una muchacha que vendía donitas de esas cubiertas con chocolate o canela en un centro comercial y me acordé del incidente de la docena de donas porque hoy sumamos a una docena de mexicanos eliminados en Wuxi. Ustedes disculpen, estimados tres o cuatro lectores, el cambio abrupto de tema y el periodicazo de realidad en el hocico, pero así es la vida.
Tres cuartas partes del equipo ha sido eliminado, son estos momentos donde me encantaría ser la muchacha de las donas y no saber cuánto es una docena, pero no, sí sé y es un montón.
La situación es dramática porque la peor actuación de la historia que México ha tenido en un mundial fue en 2011 en Gyeongju (como que pelear en Asia es de mala suerte) y ahí se obtuvieron tres quintos lugares, es decir tres mexicanos que llegaron a cuartos de final, mexicanas en realidad: María Espinoza, Carolina Acosta e Itzel Manjarrez. En estos dos días restantes y siendo realistas (con una docena de eliminados), la lucha ya no es por la gloria, sino para evitar el infierno. Hay dos maneras de que este equipo logre evitar ser el peor de la historia: la primera es que todos lleguen a cuartos de final, lo cual no va suceder, aunque bueno, es improbable, no imposible; la segunda, es ganar una medalla, la que sea, quítenle una a Brasil.
Aunque claro, también está la posibilidad de que en estos últimos dos días se gane una plata y un bronce y pasemos de la hecatombe a un mundial estándar común y corriente en la historia del taekwondo nacional, es una probabilidad desde luego (también es probable que mañana me saque la lotería china, por favor, Dios, te lo pido).
México perdió de nuevo contra Polonia, Daniel Ávila no pudo superar la primera ronda. Otra vez Polonia, empiezo a entender el odio que mi tío Adolfo le tenía a esos señores.
Y Leslie logró superar la primera etapa contra una iraní que probablemente sacaron del jardín de niños (no es queja) y perdió después contra Milena Titoneli de Brasil que ha resurgido de sus cenizas, la verdad es que ella es alguien a quien yo personalmente ya daba por muerta el ciclo pasado y miren, llegando a la final en un mundial… Sí, tenemos mucho que aprender de Brasil (róbenles una medalla).
El caso de Leslie es tristísimo porque me parece que nunca se pudo manejar de una manera óptima su triunfo en Guadalajara, literalmente nadie nos prepara para sobrellevar un logro de ese tamaño: ni al atleta, ni a la familia del atleta, desde luego no a los coaches y por supuesto tampoco a los fans, desafortunadamente el peso lo lleva invariablemente el competidor, no hay más. Lo rescatable aquí, y esto sólo es percepción, es que veo a Leslie cada vez un poco mejor y ese es el camino, que la siguiente sea un poco más y la siguiente otro poco y así sucesivamente, ojalá algún día podamos volver a ver a la Leslie previa a Guadalajara.
Mientras tanto vámonos preparando para la recta final del mundial y que no se nos olvide que mientras haya mexicanos, hay esperanza… O un cuartito de esperanza.

