Pues se acabó…

Si el primer día de competencia fue un mal augurio de lo que estaba por venir, el último día fue más o menos una semblanza del desastre.

Nadia Ferrerira perdió su combate contra la competidora de Marruecos que honestamente vi más o menos similar técnicamente a la mexicana. La marroquí, quien realmente no me pareció demasiado fuerte durante el primer combate, logró avanzar hasta los cuartos de final. Nadia este año ganó medalla en el Open de Canadá y en el Open de Río, lo que significó absolutamente nada en la escena mundial, pero además me confirma, y debería confirmarles a ellos también, que han estado viviendo dentro de una burbuja.

El ruido mediático, en redes y hasta el feedback de entrenadores inexpertos que viven bajo la misma burbuja, nos han querido hacer creer (bueno, a ustedes, porque yo llevo años diciendo que las cosas no están bien) que el taekwondo mexicano está chidísimo y seguramente alguna maroma se van a inventar para justificar el más grande fracaso de México en la historia en un mundial… Y espero que el fracaso de la maroma sea tan grande como el de aquí en Wuxi.

La historia… Frenen un momento para reflexionar esa palabra: LA HISTORIA, el peor fracaso de LA HISTORIA.

Rubén Nava se convirtió en la última esperanza y hubo un momento en el que sí creí que podía lograrlo. Fue él único mexicano que ganó dos combates: contra un africano y un asiático, para después caer ante un atleta de la misma región panamericana, lo que hace que todo sea más triste.

Chile, Haití, Costa Rica y Ecuador lograron con menos personas, mejores resultados, porque aunque no cayó medalla para ninguno de ellos, todos alcanzaron los cuartos de final. Ninguno traía equipo completo, pero ni de cerca. Ya si hablamos de Estados Unidos, estamos peor que fritos y si vemos a Brasil, ya nos llevan años luz por delante.

Toda la vida he dicho que es un error esperar los malos resultados para poder evidenciar que se necesita un cambio o que las cosas están mal, porque con la masividad de este deporte en México, jamás me imaginé que iba a vivir para ver algo como lo que sucedió, el hecho de ni siquiera haber llegado a la ronda de cuartos de final es lamentable a un nivel que me es difícil concebir. Incluso durante los resultados más adversos para México en la historia de los mundiales había habido quitos lugares: en Gyeongju (anterior peor resultado) que es la única ocasión donde no se había ganado medallas, hubo tres quintos lugares; en Cheliábinsk donde el bronce cayó el último día, también se habían ganado tres quintos previamente; en Garmisch, donde la plata cayó el último día, hubo también por lo menos 3 quintos lugares.

Esta es una tragedia más allá de cualquiera que se recuerde, haya existido o a alguien le haya tocado vivir. En un mundo ideal y si hubiera gente íntegra al frente, TODO el cuerpo técnico haría saludo, daría media vuelta y se iría caminando sin voltear atrás, ya lo de pedir una disculpa lo dejaría guardado en el cajón de mis más salvajes fantasías junto a las fotos de TV y Novelas de Michelle Vieth.

No hay que edulcorar este resultado, los responsables tienen nombre y apellido, sabemos quiénes son, pero sabemos también que no podría importarles menos. Jamás han dado la cara y no van a empezar ahorita.

Pero esto no es nuevo, desde hace años ha sido así ¿saben lo que esto significa? Sí, lo que nadie se atreve a decir: los siguientes responsables son los entrenadores. Si ninguno de los 16 atletas tenía nada que hacer en este escenario, entonces ninguno de los entrenadores, coaches personales, coreanos de compañía o aplaudidores de silla deberían de estar aquí, ni al frente de un equipo.

¿Y saben qué otra cosa? Es políticamente incorrecto culpar a los atletas, pero llevan su parte de responsabilidad también. Quédense en sus casas haciendo videos y buscando conmiseración en redes por lo injusta que es la vida o subiendo publicaciones para que la gente les siga diciendo lo buenos que son y la inspiración que representan, porque aquí, en el mundo real, en el taekwondo senior, en el deporte de verdad no tienen cabida… ¿O a poco pensaban que entrenando como lo hicieron las cosas podían ser diferentes? Viven en Narnia, quédense allá… O pónganse a buscar la manera de cambiar las cosas, pero dejen esas tonterías románticas de hacerlo por el honor, por su país, por su bandera, por su familia, que al final nada de eso paga y nada de eso entra a pelear y recibe los golpes. Pónganse a buscar la manera de poder cambiar las cosas para ustedes, porque ni directivos y menos sus entrenadores, o al menos estos entrenadores, lo van a hacer y lo peor de todo es que no es porque no quieran, sino porque no pueden.

¿Ustedes pueden? ¿Quieren?

Sólo un imbécil cree que algo va cambiar haciendo las mismas cosas.

Repito y reitero: no hay que edulcorar este resultado. No sólo es malo, es el peor. Quisiera decir que se tocó fondo en este evento, pero la vida me ha enseñado que siempre, invariablemente se puede ir más para abajo.

Pero bueno, yo qué voy a saber…

Chava P.

One thought on “El día del juicio”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *